El crisol del flamenco

EL CRISOL DEL FLAMENCO

Evidentemente que el milagro no hubiese sido posible sin la aportación de los gitanos, sin los calés del flamenco sería otra cosa. Desde el principio ejercen una labor de acrisolamiento aportando su trajirrabia, su sentido del compás, su gracejo, su metal de voz y su especial manera de entender música.

Procedentes del noroeste hindú, los gitanos vienen en expansión errante desde el siglo VIII o XI por toda Asia, Europa y África. Llegando a España en 1425 por Cataluña para en pocos años asentarse en Andalucía. Y después de tres siglos de convivencia con pueblos distintos, unidos por la marginación, persecución y analfabetismo: moriscos, marranos (judíos conversos), y bajos estratos sociales del pueblo andaluz (pícaros y desocupados), aparecen con música elaborada y atrayente capaz de interesar al público y deslumbrar a los escritores y pintores románticos extranjeros que visitan Andalucía (Gustave Doré, Washington Irvingm Antoine e Latour, Charles Davillier…) dejándonos importante documentación gráfica y escrita de la época.

Ciertamente que este arte y cultura musical nace en Andalucía y es patrimonio y acervo de la humanidad creciendo con fuerza en Catalunya con artistas de fama mundial y que no sólo los gitanos andaluces son flamencos, pero es evidente que con ellos el flamenco ha ganado en ahondamiento, fuerza y raíz.

 

 

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