El Flamenco en Catalunya

EL FLAMENCO EN CATALUNYA

El flamenco empezó a profesionalizarse hace más de un siglo en los cafés cantantes de Barcelona.

La relación entre Catalunya y el flamenco nunca ha sido fácil, pero sí lo suficientemente intensa y prolongada como para poder rebatir las opiniones de aquéllos que todavía hoy se niegan a aceptar el flamenco como un elemento integrado dentro de la cultura catalana.

La primera manifestación flamenca en Catalunya fue en el Teatro de la Santa Cruz de Barcelona en el año 1827 con el estreno de la obra “La Gitanilla”. Fue en 1847, en el espléndido Gran Teatro del Liceo cuando se inaugura la temporada con un final de fiesta en el que se bailan rondeñas, malagueñas y jaleos

En aquellos años los vínculos entre la escena flamenca andaluza y catalana eran bastante evidentes, como lo demuestra la abertura en Sevilla de un Eden Concert, que bajo la dirección de Juan Márquez, organizaría espectáculos similares a los de Barcelona. La Casa Macià, en la calle Arc del Teatre, que a partir de 1916 cambió su nombre por el de Villa Rosa, el Café Fornos en la calle Tallers, el Café de la Bolsa, el Café de la Mezquita y otros más pequeños en la Barceloneta como el Café del Puerto, son algunos de los múltiples espacios de Barcelona por donde se prodigaba el duende flamenco.

Pero no solo Barcelona era protagonista del arte del flamenco, también ciudades mas pequeñas como Tarragona, Sabadell y Santa Coloma de Queralt, entre otras, se mostraron receptivas y ayudaron a difundir los espectáculos flamencos.

En plena ‘Renaixença’ pintores, escultores y músicos catalanes como Isidre Nonell, Ricard Canals, Josep Llovera, Ramon Casas, Felip Pedrell y Robert Gerhard manifestaron su interés por este arte visceral y muchos de ellos lo plasmaron en su obra.

Un 2 de noviembre de 1913, nace precisamente en Barcelona la bailaora más genial de todos los tiempos: Carmen Amaya. Criada dentro de las barracas del Somorrostro, desde muy pequeña irradiaba luz y un duende incomparable a todo lo demás. Cautivaba a todo aquél que la veía bailar y todos los cafés, bares y locales musicales de la ciudad se la disputaban, porque Carmen Amaya era sinonimo de éxito. Una mujer sin rivales, que desde su humildad recorrió y conquistó el mundo, hasta que 1963 una larga enfermedad la consumió, a ella y a su duende. En la villa costera de Bergur, “la señora con pies de oro”, la flamenca catalana mas universal, se apagó para siempre. En el mismo barrio Barcelonés nació una niña sordomuda llamada Antonia Singla “La Singla”.

El flamenco es un arte en constante evolución y comenzó a configurarse a mediados del siglo XIX, con la aparición de los cafés cantantes. Baile, cante y toque de palmas son la conjunción de esta forma de expresión que los gitanos custodiaban en su hermético mundo: sus costumbres y su modo de vida solo pudieron proyectarse al exterior a partir de la Pragmática de Carlos III (1783) que los igualaba en derechos a cualquier súbdito español.

Desde la irrupción de la etnia gitana en España en 1925, vienen gestándose los sólidos pilares de este arte, considerado como la eclosión folclórica más importante de Occidente. La trashumante raza, que estuvo discriminada y machacada durante siglos, encontró amparo al lado de sus compañeros de infortunio, los moros y los judíos.

El flamenco, como ya sabemos, es un fenómeno puramente andaluz, es el resultado de esos cantes y bailes populares andaluces llevados al mundo de los gitanos, que les dan un color especial y lo asimilan a su cultura musical. Y de ese crisol de la música andaluza, de esa fusión de milenarias culturas, de esa simbiosis, florece este arte flamenco-gitano-andaluz, que el pueblo gitano nos devuelve revestido de la profundidad y el temperamento que lo caracterizan.

Quejas, lamentos y protestas son lo que expresa el hombre en su flamenco hondo, liberándose cantando, bailando o tocando de todos sus avatares. Pero el flamenco tiene respuesta para todo momento anímico y, a pesar de su talente trágico, dispone también de una vertiente jocosa la cual, dejando a un lado sus penas, expresa la guapura, la alegría y el salero que tiene nuestra tierra.

El gitano, como pueblo listo y avispado, encuentra un medio más humano y digno de subsistencia profesionalizando su privilegiada habilidad.

Carlos III los cobija en el barrio de Triana y, a partir de entonces, podríamos decir que Sevilla sin Triana sería Sevilla con un brazo menos.

Hablar de flamenco es hablar del hecho musical de carácter popular y tradicional más importante de todo Occidente, que en la actualidad se comparte y disfruta en el mundo entero como acontecimiento cultural globalizado. Sin embargo, aunque el flamenco en sus tres vertientes básicas (cante, baile y toque) esté declarado Patrimonio Artístico de la Humanidad por la UNESCO y sea ya un hecho musical universal, hay que contemplarlo y analizarlo a través de la propia historia andaluza, ya que Andalucía es su patria, su raíz y fundamento.

 

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